miércoles, 20 de octubre de 2010

Descentralización y democratización

Por Pablo Marshall Barberán

Es un eslogan afianzado que la descentralización política y administrativa implica mayor democracia. Ese eslogan se funda, por supuesto, en razones. Entre ellas se cuentan tanto malas como buenas razones. Entre las primeras se pueden anotar todas aquellas que son buenas razones para la descentralización, pero que no lo son porque hagan la toma de decisiones acerca de políticas públicas más democráticas, sino que las hace más eficientes o de mejor calidad. Un ejemplo de esto último, es la idea de que las autoridades encargadas de tomar las decisiones que afecten a una determinada localidad, estén en contacto estrecho con los habitantes de esa localidad. Esto es particularmente conveniente si tal localidad tiene rasgos diferentes a las demás localidades del país. Si eso es así, las decisiones serán más adecuadas si esos diferentes rasgos (y la comprensión que tienen los habitantes de dicha localidad de ellos) son tomados en cuenta a la hora de adoptar una política pública. Con todo, que ésta sea una buena razón para descentralizar las decisiones no la hace sin más una buena razón para afirmar que mediante esa descentralización la democracia se perfecciona.

Quienes pretenden sostener lo contrario, típicamente afirman su opinión en otro eslogan: “mientras las decisiones se encuentren más cerca de la gente, las decisiones serán más democráticas”. Sin embargo, es posible que la cercanía y la democracia de las decisiones no vayan de la mano. Eso es evidente cuando, como en Chile, nos enfrentamos a una conformación de los gobiernos regionales por parte del nivel central de la administración. Eso puede, junto con acercar las decisiones a las personas, volverlas menos democráticas. La forma en que el ciudadano se vincula con quien toma las decisiones es más lejana y la forma de participación que tiene la ciudadanía, que es mediante el sufragio en la elección de las autoridades centrales, tiene poco que ver con las personas y las decisiones que son tomadas en el nivel local. Mientras el vínculo entre la ciudadanía y la autoridad sea indirecto y la influencia que la primera tenga sobre la segunda no sea percibida como relevante, la descentralización no implicará democratización.

Sin embargo, hay otras razones que conectan internamente, y de una manera esta vez adecuada, descentralización y democracia, que no pueden reducirse simplemente a acercar las decisiones a la gente. Ellas implican entregar a los ciudadanos herramientas para que puedan influir en el contenido de las decisiones que las autoridades descentralizadas tomen. Esa influencia, sin embargo, no depende sólo de la cercanía, sino también de la actitud activa que los ciudadanos de una localidad tomen frente a las políticas públicas.

Lamentablemente, una actitud activa tiende a estar bloqueada por lo que Charles Taylor ha llamado el círculo vicioso de la apatía política, en que la sensación de alienación del ciudadano frente a la centralización y la burocratización de la sociedad redunda en que la apatía del ciudadano facilita “el crecimiento del poder del gobierno irresponsable, el cual incrementaría el sentimiento de impotencia que, a su vez, fijaría la apatía” (Argumentos Filosóficos, 1997).

Romper el círculo de la apatía, requiere dejar de considerar distante e insensible a las autoridades que toman las decisiones que afectan a los ciudadanos. La distancia es, por tanto, sólo uno de los problemas a corregir. Eliminar la falta de sensibilidad, o al menos atenuarla, requiere la incorporación de herramientas de participación en la esfera pública local y muchas veces la completa creación de ésta última.

El funcionamiento de una esfera pública local requiere que el conjunto de ciudadanos de una localidad pueda reflexionar conjuntamente sobre cuales son sus problemas y cuáles deberían ser las soluciones a aquellos. Ello constituye el punto de partida para que una comunidad local pueda influir en como las políticas públicas son llevadas a cabo.

Por otro lado, para eliminar la sensación de insensibilidad, se requiere que la esfera pública local pueda tener influencia real en las políticas públicas. Aquí el llamado a democratizar la elección de todas las autoridades locales está a tiro de cañón. Sin embargo, debe advertirse que esa decisión no redundará en más democracia ni facilitará la toma de mejores decisiones, si no va acompañada de una cultura pública local y cierta responsabilidad respecto a los asuntos comunes que no es fácil encontrar cuándo nos enfrentamos al círculo vicioso de la apatía.

La conexión entre democratización y descentralización no es, por tanto, fácil de construir. Por supuesto, y esto es lo que quiero recalcar, no se dará mediante la organización de elecciones populares para seleccionar a las autoridades locales, si quienes son llamados a elegir no muestran algún grado de compromiso con algo parecido a una comunidad política local. Sin comunidad local, la democracia local no es posible.

5 comentarios:

  1. Concuerdo con la necesidad de involucrar políticamente a las comunidades locales. EL desafío mayor es la anulación de esa apatía que mencionas. Como reactivas lo que la RAE define como "Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados."...o ... "Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo."? Esa política parece estar en monopolio de partidos políticos... Para lograr sociedad civil se requiere de incentivos, y la posibilidad de elegir a las autoridades locales parece ser uno. Es primero el huevo o la gallina? Que solución propones para vencer esa apatía que no ha solucionado la educación cívica ni los partidos políticos?

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  2. Actualmente existe una disconformidad entre la regulación constitucional y legal de la elección de los miembros del Gobierno Regional, que es el organo a cargo de la "administración superior" de la región. Si bien la Constitución establece que los consejeros serán elegidos popularmente, la LOCGAR todavía no implementa esta modificación. En ese punto, cabe aclarar lo que se señala en el texto.
    Por otro lado, como ha señalado J C Ferrada, más importante que la elección popular o no, es qué tipos de competencias tienen los órganos locales. Nuevamente en el caso del GORE, se trata de una competencia administrativa y no de definición de políticas. Esta última cuestión, pone en cuestión la forma "unitaria" o "regionalizada" del Estado. Por lo tanto, requiere una toma de posición más profunda. Además, se requiere tomar una decisión sobre si la "descentralización política" se materializará en la región o en la comuna. Crear dos centros de decisión política descentralizada no parece ser la mejor solución.

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  3. @Guillermo, si los intendentes y gobernadores son cargos designados y de la confianza del Pdte., y los consejeros son electos por los consejales... es decir de manera indirecta, poco importan sus competencias, si quedan sometidas a la voluntad de los partidos y del gobierno central. Es poca la representatividad de estos órganos, El GORE pasa a ser vocero del Ejecutivo en la región, y su carácter normativo, resolutivo y fiscalizador, pierde toda efectividad en las negociaciones políticas. El problema de la descentralización política que supere la apatía, sí tiene que ver con las atribuciones, pero también con la representación directa y democrática que ostenten.

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  4. @Andres, Si, toda la razón. Creo que me expresé mal. Sería mejor decir que debe existir consistencia entre las competencias y la forma de designación del órgano. Creo que no habría un impulso político profundo (que combatiera la apatía) si se implementan órganos elegidos directamente, pero con competencias meramente administrativas o de gestión. Sin embargo, la decisión más radical de crear órganos elegidos directamente y con competencias de decisión política -como dije- pone en cuestión la forma "unitaria" o "regionalizada" del Estado.

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  5. Está el ejemplo de Francia, que siendo un país unitario cuenta con gobiernos regionales elegidos y que trabajan con el gobierno central mediante acuerdos y negociaciones sus representantes... El tema es complicado, sobretodo si miramos nuestra historia, acostumbrados a un sistema paternalista y asistencialista. Sin embargo, con voluntad desde las elites y desde las bases se pueden lograr cambios... Es cosa de mirar hoy los movimientos estudiantiles, que son una expresión del sentir ciudadano... Eso es romper la apatía... Yo tengo fe en Chilito, pero a veces miro con desanimo lo mucho que tardamos en reaccionar... Pongo como ejemplo la reforma a la ley de los Gobiernos Regionales, que buscaba la elección directa de los COREs. Lamentablemente, no hay voluntad política para que ello se materialice en un futuro cercano. La descentralización política no es un prioridad para nuestros parlamentarios.

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